
¿Con quién hablar cuando eres manager? Tus opciones y cómo elegir
Como manager, ¿necesitas plantear una situación pero no sabes a quién recurrir? El repaso concreto de los interlocutores posibles, sus límites y cómo elegir según el momento.

Loïc Wan-Ajouhu
Cofundador de Vikl, antiguo Director financiero en VINCI Construction
En resumen. Cuando eres manager, puedes dirigirte a tu superior directo, a un par de confianza, a un mentor, a un coach, a un allegado, o a un espacio confidencial disponible bajo demanda. La regla: cuanto más inmediata es la necesidad, más disponible debe estar el interlocutor. El error que hay que evitar es guardárselo todo.
Una pregunta simple, una respuesta poco evidente
«¿Con quién puedo hablarlo?» Es una de las preguntas que los managers se hacen con más frecuencia, y una de las que más a menudo se quedan sin respuesta. Ya lo comenté en detalle en mi artículo sobre la soledad del manager: la posición aísla, casi de forma mecánica.
Queda lo concreto. Cuando una situación te pesa, ¿a quién recurrir? No hay un buen interlocutor, hay varios, y cada uno tiene su lugar. Así es como los veo.
Tu superior directo
Es el interlocutor más lógico y, sin embargo, el más infrautilizado. Muchos managers dudan en confiarse a su propio responsable, por miedo a parecer superados.
Cuándo acudir: para los temas relacionados con la organización, los arbitrajes, las prioridades. Un buen superior prefiere con creces estar avisado pronto que descubrir un problema demasiado tarde.
El límite: existe un vínculo de evaluación. Sobre ciertas dudas más personales, no se puede decir todo, y es normal.
Un manager de tu mismo nivel
Otro manager que vive las mismas situaciones que tú, en otro equipo u otra empresa. Suele ser el intercambio más liberador, porque no hay ningún juego jerárquico.
Cuándo acudir: para relativizar, comparar prácticas, sentirse menos solo frente a un caso concreto. Los grupos de codesarrollo entre managers se basan exactamente en este principio.
El límite: hay que haber construido esa relación de confianza antes de necesitarla. En la urgencia, no se improvisa.
Un mentor
Una persona más experimentada, sin vínculo jerárquico directo, que toma perspectiva sobre tu trayectoria.
Cuándo acudir: para las cuestiones de fondo, de trayectoria, de postura. Un mentor ayuda a ver más allá de la situación del momento.
El límite: la relación es valiosa pero escasa, y poco adaptada a la urgencia del día a día.
Un coach profesional
El coaching gerencial aporta un verdadero marco y un verdadero método.
Cuándo acudir: cuando quieres trabajar en profundidad tu manera de gestionar, a lo largo del tiempo. Es uno de los acompañamientos más transformadores que existen.
El límite: el formato. Un seguimiento en profundidad supone sesiones espaciadas, y un coach no está localizable por la noche, justo antes de la conversación que te impide dormir. Es precisamente para ese punto intermedio para lo que muchos coaches se apoyan en Vikl para prolongar su acompañamiento.
Un allegado
Una pareja, un amigo. El apoyo afectivo cuenta, y no hay que descuidarlo.
El límite: un allegado a menudo no tiene el contexto profesional, y uno duda en llevarse los problemas del trabajo a casa todas las noches.
Un espacio confidencial, disponible bajo demanda
Es el eslabón que faltaba, y es por él por lo que creamos Vikl. Un lugar neutro donde plantear una situación en el momento preciso en que se presenta, a cualquier hora, sin juicio y con total confidencialidad.
Cuándo acudir: para aclarar lo que estás viviendo, preparar una conversación difícil, o simplemente sacarte un problema de la cabeza antes de que crezca. No sustituye ni a un coach, ni a un par, ni a un amigo. Cubre el vacío intermedio: esos momentos en los que la necesidad está ahí, pero nadie está disponible.
Cómo elegir, en concreto
Una regla simple: cuanto más inmediata es la necesidad, más disponible debe estar el interlocutor.
- ¿Necesitas perspectiva sobre tu trayectoria? Mentor o coach.
- ¿Necesitas comparar prácticas? Un par.
- ¿Necesitas un arbitraje? Tu superior directo.
- ¿Necesitas aclarar una situación ahora, esta noche? Un espacio bajo demanda.
Y sobre todo, el error que hay que evitar: guardárselo todo esperando el momento adecuado o la persona adecuada. Ese momento no llega nunca de verdad, y el problema, por su parte, sigue creciendo.
En resumen
Cuando eres manager, no tienes un interlocutor, tienes un abanico de opciones que activar según el momento. La verdadera pregunta no es «¿tengo derecho a hablarlo?», sino «¿con quién, para esta necesidad concreta, ahora?». El simple hecho de planteártela ya es salir del aislamiento.
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