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2 de septiembre de 2025 6 min de lectura
Nadie nace líder: cómo el trabajo sobre uno mismo transforma al manager

Nadie nace líder: cómo el trabajo sobre uno mismo transforma al manager

El liderazgo no es un talento innato. Es una práctica cotidiana de lucidez, valentía y escucha. Por qué los mejores managers son los que aceptan trabajar sobre sí mismos.

Loïc Wan-Ajouhu

Loïc Wan-Ajouhu

Cofundador de Vikl, exdirector financiero en VINCI Construction

El mito del líder nato

Hay una creencia tenaz en el mundo de la empresa: ciertas personas estarían "naturalmente" hechas para dirigir. Tendrían el carisma, la seguridad, la autoridad innata que caracterizan a los grandes líderes.

Es un mito. Y un mito peligroso.

Peligroso porque desanima a quienes no se reconocen en ese retrato. Y porque impide que quienes "encajan en el perfil" cuestionen sus prácticas.

La realidad es más simple y más exigente: el liderazgo se construye. Día tras día. Situación tras situación. Y la materia prima de esa construcción es el trabajo sobre uno mismo.

Lo que aprendí en el Congo

Cuando me fui como expatriado al Congo como director financiero, pensaba que sabía gestionar equipos. Tenía la experiencia, las competencias técnicas, la legitimidad del puesto. Pero nada me había preparado para el aislamiento frente a las tensiones relacionales.

En un contexto multicultural, lejos de mis referencias, descubrí que mis reflejos habituales ya no funcionaban. Lo que pasaba por franqueza en Francia era percibido como brutalidad. Lo que yo tomaba por reserva en mis colaboradores era en realidad un desacuerdo profundo que no expresaban.

Tuve que reaprender. No técnicas — sino una postura. Escuchar antes de reaccionar. Observar antes de juzgar. Comprender antes de decidir.

De esa experiencia nació la intuición que hay detrás de Vikl: un manager que trabaja sobre sí mismo es un manager que transforma su equipo.

Los tres pilares del trabajo sobre uno mismo en management

1. La lucidez: ver las cosas tal como son

El primer trabajo del manager-líder es desarrollar su capacidad de ver con claridad. Eso significa:

  • Distinguir los hechos de sus interpretaciones. "No me respondió" es un hecho. "Me falta al respeto" es una interpretación. La confusión entre ambos está en el origen de la mayoría de las tensiones.
  • Reconocer sus propias emociones. La ira, la frustración, la impaciencia no son debilidades. Son señales. Un manager que sabe identificarlas toma mejores decisiones que quien las niega.
  • Aceptar lo que no se controla. No puedes cambiar la personalidad de un colaborador. Puedes cambiar la forma en que interactúas con él.

2. La valentía relacional: atreverse a decir y atreverse a escuchar

La valentía directiva no se mide por las decisiones estratégicas espectaculares. Se mide por los microtiempos del día a día:

  • Decirle a alguien que su trabajo no está a la altura — sin humillarlo
  • Admitir ante su equipo que se ha equivocado
  • Hacer la pregunta que uno preferiría evitar
  • Escuchar una crítica sin justificarse de inmediato

Cada uno de estos actos exige más valentía que una presentación ante un comité de dirección. Y cada uno refuerza la confianza del equipo.

3. La constancia: progresar un poco cada día

El liderazgo no se desarrolla en los seminarios anuales. Se desarrolla en la práctica repetida, en las situaciones reales del día a día.

Un manager que dedica 5 minutos después de una conversación difícil a preguntarse "¿Qué podría haber hecho de otra manera?" progresa más rápido que otro que sigue una formación de 3 días pero nunca vuelve a pensar en ella.

Es lo que los investigadores en psicología llaman la práctica reflexiva: el hábito de transformar cada experiencia en aprendizaje. No hace falta revolucionarlo todo. Solo progresar un poco, con regularidad.

Por qué es tan difícil hacerlo solo

El trabajo sobre uno mismo como manager tiene una paradoja: es un proceso profundamente personal, pero casi imposible de llevar a cabo en total autonomía.

  • Se necesita un espejo. Nuestros puntos ciegos son, por definición, invisibles para nosotros. Sin una mirada externa, repetimos los mismos patrones sin darnos cuenta.
  • Se necesita estructura. "Trabajar sobre uno mismo" es un objetivo vago. Lo que funciona es un proceso guiado: clarificar la situación, identificar las opciones, elegir una acción.
  • Se necesita regularidad. El coaching establece el marco y desencadena las tomas de conciencia. Pero lo esencial se juega entre las sesiones: es ahí donde un apoyo regular ancla los progresos de forma duradera.

Es exactamente lo que quisimos crear con Vikl: un compañero que ayuda al manager a tomar distancia, a ver sus situaciones de otra manera y a progresar entre los momentos clave de su acompañamiento — en cada tensión, en cada duda, en cada conversación difícil. No para reemplazar a un coach o a un mentor, sino para prolongar su trabajo en el día a día. Muchos coaches lo usan, de hecho, para acompañar a sus clientes entre las sesiones.

En resumen

Convertirse en un mejor manager no es una cuestión de talento. Es una cuestión de práctica, de lucidez y de valentía — cultivadas en el día a día.

Los líderes que inspiran confianza no son los que nunca dudaron. Son los que aprendieron a hacer de cada duda una ocasión para crecer.

Nadie nace líder. Uno lo llega a ser. Y cada día es una ocasión para dar un paso más.

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